
Amárrame y escóndeme entre tus largos y acolchados brazos.
Protege mi piel de petalos negros delicada como la seda ante el fuego.
Si decido escaparme entonces déjame caer y prometo no quejarme.
Me arrugaré dentro las capas que poseo y entre ellas ocultaré mis deseos y olores, mi vida entre paréntesis tácitos. Renaceré y seré otra pero con la misma esencia.
Intercambiaremos miradas pero nuestras almas ya no se reconocerán. Tampoco lo intentaremos.
Asi que mejor no me sueltes de tus largos y acolchados brazos.